Artículo de ISABEL Mª LÓPEZ PÉREZ: "En defensa de los Derechos de Autor de Antonio Navarro Santafé"

21-12-2016   |  Visitas:139

Se acaba de publicar la revista Villena 2016 por el M.I. Ayuntamiento de la localidad, y en la página 179 viene un artículo titulado “EN DEFENSA DE LOS DERECHOS DE AUTOR DE ANTONIO NAVARRO SANTAFÉ” de Isabel Mª López, Licenciada en Historia del Arte, profesora jubilada del Instituto Hermanos Amorós y cuñada de Antonio Navarro Santafé.

El artículo reivindica no solo las dos obras que el libro “CANTEROS Y ESCULTORES DE VILLENA” de Pedro Amorós Milán (premiado y publicado por el M.I. Ayuntamiento de la localidad) pone en duda, también sale en defensa de la biografía que Navarro Santafé dictó en vida a Pedro Hernández Hurtado y que Pedro Amorós Milán cuestiona en su libro.


En defensa de los Derechos de Autor de Antonio Navarro Santafé
En el año 2015 se publicó un libro y un artículo en esta misma revista en el apartado de investigación. Ambas publicaciones trataban sobre canteros y escultores de Villena. Cuando habla de la obra de Antonio Navarro Santafé pone en duda la autoría de dos de sus obras con deducciones personales que, aunque muy respetables, demuestran no solo lo poco que el autor de estas publicaciones, Pedro Amorós Milán, conoce la obra de Navarro Santafé, sino la falta de investigación rigurosa sobre su vida y personalidad preguntando a la multitud de familiares, amigos y estudiosos de la historia de Villena que afortunadamente todavía viven y le podían haber aportado al investigador una información muy valiosa que ha desaprovechado. Cierto es que también aporta una prueba oficial y escrita como es un acta del Ayuntamiento, pero como demostraré más adelante, carece de todo fundamento. En descargo del trabajo de este investigador hay que decir que lo ha hecho como aficionado, autodidacta y persona que no tiene conocimientos académicos sobre Artes Plásticas. Pero no por ello hemos de quedarnos callados y dejarlo correr porque no se puede sembrar la duda sobre la obra de cualquier artista sin pruebas sólidas, porque no solo se está tratando del trabajo del artista, sino también de su honor y prestigio, que como es el caso de Navarro Santafé lo tiene muy bien ganado con mucho esfuerzo, estudio y trabajo desde que era muy joven hasta su muerte. Y tratándose de Navarro Santafé es de especial gravedad porque si bien hemos conocido a lo largo de la Historia del Arte muchos casos donde los expertos no han podido ponerse de acuerdo en la autoría de algunas obras de grandes artistas universales por no disponer del testimonio escrito o inventariado del propio artista, no es el caso de Navarro Santafé porque él tiene perfectamente localizada su obra e incluso dictó en vida toda su trayectoria personal y profesional a su gran amigo Pedro Hernández Hurtado de donde salió la biografía de Antonio Navarro Santafé publicada por el Muy Ilustre Ayuntamiento de Villena. Y si esto no fuese suficiente, tenemos en Villena La Junta de Conservación y Tutela de la Obra de Antonio Navarro Santafé. Por lo tanto, dudar de la autoría de dos de sus obras que Navarro Santafé detalló personalmente a su biógrafo, es dudar de su palabra y por lo tanto pisotear su prestigio y honor. Personalmente y como familiar de Navarro Santafé estoy muy dolida por lo que se ha publicado, pero sobre todo estoy indignada como entendida en Arte (como creo que mi carrera profesional me avala) y como ciudadana de Villena.
He querido empezar este artículo con una foto de Navarro Santafé trabajando en el monumento a Chapí. Podemos ver a un Navarro Santafé en todo su esplendor, empuñando una de las muchas herramientas que utilizaba como peón del Arte y que erosionaban sus manos. Se le ve sonriente, feliz y con esa satisfacción que sienten las personas por el trabajo bien hecho y por el orgullo de poder servir a su pueblo natal con tan insigne obra del compositor Villenense Ruperto Chapí.
He escogido esta foto no solo por lo que expresa, sino porque Navarro Santafé era un gran admirador de Ruperto Chapí y su obra. El Maestro Chapí, como de todos es conocido, es cofundador de la Sociedad General de Autores de España, hoy SGAE, porque Ruperto Chapí fue un gran defensor de los Derechos de Autor que es lo que este artículo reivindica sobre la obra de Antonio Navarro Santafé.

Las dos obras cuestionadas son:
• El primer monumento al Capitán Hernández Menor.
• El Retablo de la Iglesia de Santiago.

El investigador adjudica estas dos obras a Francisco Cerdán Milán, más conocido como Paco “el marmolista”.
En primer lugar quiero dejar claro que esto no es una historia de enemigos, muy al contrario, ya que Navarro Santafé fue una persona muy querida por Francisco Cerdán; lo trató siempre como a un hijo, le ofreció su taller donde Navarro Santafé hizo muchos de sus trabajos. Navarro Santafé tenía a Francisco Cerdán como un maestro que le ayudó a dar los primeros pasos en el mundo del Arte. Pero Francisco Cerdán además de ser un gran trabajador y artista, era por encima de todo un hombre íntegro y honrado. De ahí que estoy segura que tanto Navarro Santafé como Francisco Cerdán estarían muy sorprendidos y estupefactos por estas investigaciones publicadas poniendo en duda la obra de Navarro Santafé.


El primer monumento al Capitán Hernández Menor (1928 – 1930)
El actual monumento al Capitán Hernández Menor que puede verse en la Plaza de la Beata Águeda Hernández, fue reconstruido por Francisco Cerdán en 1956. Pero hubo antes de este, otro realizado por Navarro Santafé en 1930 que fue destruido por unos vándalos en 1936 y cuyos restos fueron llevados al taller de Francisco Cerdán que es donde Navarro Santafé realizaba muchos de sus trabajos por aquellas fechas. Allí estaban también las diferentes maquetas que hizo del monumento en escayola, planos, bocetos, etc.
En los años cincuenta se decidió volver a reponer el monumento, trabajo que se le encargó a Francisco Cerdán, pero tal y como cuenta Navarro Santafé en su biografía, descubrió que se estaban utilizando parte de sus trabajos del monumento de 1930 en la realización del nuevo, y que dichos trabajos estaban sujetos a Derechos de Autor.
Como ya he dicho antes, Francisco Cerdán era un hombre íntegro y honrado además de un gran amigo de Navarro Santafé y por lo tanto no hubo ningún problema en que se pusiesen de acuerdo en una compensación económica para Navarro Santafé por los Derechos de Autor de la obra original de Navarro Santafé de la cual está basado el monumento actual.

Los argumentos que esgrime la publicación de investigación para dudar de la autoría de Navarro Santafé en el primer monumento de 1930 son los siguientes:
1. En primer lugar cuestiona “la falta de memoria” de Navarro Santafé porque en su biografía “no recuerda cómo y por quién recibió el encargo”. En este punto hay que tener en cuenta que Navarro Santafé dicta sus memorias a Pedro Hernández siendo muy mayor y es lógico el tener lagunas en la memoria. ¿O quién no ha tenido en algún momento de su vida lapsus semejantes? Navarro Santafé está siendo sincero (como lo es en todo lo que cuenta de su biografía) y sin embargo el investigador está utilizando esa falta de memoria como pretexto de una invención, y por lo tanto mentira, de Navarro Santafé.

2. Publica tres actas de sesión permanente del Ayuntamiento de Villena, una de 1930 y dos de 1952, para demostrar que el Ayuntamiento asignó la realización tanto del primer monumento como del segundo a Francisco Cerdán. Las actas de 1952 se las podía haber ahorrado porque nadie pone en duda la autoría de Francisco Cerdán en el segundo y actual monumento. Pero en el acta de 1930 publicada por el investigador se habla de que Francisco Cerdán, que es concejal por aquellas fechas, informa de que los trabajos del monumento están muy adelantados. El acta en cuestión es la de la sesión permanente del 6 de febrero de 1930 y si algún lector quiere consultarla en el Archivo Municipal podrá comprobar en la página 96 que el investigador hace un ejercicio mental para interpretar, suponer e imaginar que el Ayuntamiento le debió asignar anteriormente los trabajos del primer monumento. En este punto caben hacer las siguientes consideraciones:

A. Si anteriormente a dicha acta, el Ayuntamiento le asignó el trabajo a Francisco Cerdán, debe de haber otra acta donde se refleje dicha asignación y dicha acta no la presenta el investigador. Seguramente porque no existe y de ser así vendría a dar la razón a Navarro Santafé porque la asignación quizás se realizó por otros conductos o personas que Navarro Santafé no recuerda en su biografía.

B. En 1930 estaba en vigor el Real Decreto de 2 de julio de 1924 sobre las restricciones para las asignaciones de obras en Ayuntamientos y que el nuestro tenía muy en cuenta en sus sesiones. Podemos encontrar referencias a dicho Real Decreto en muchas actas en el Archivo Municipal pero voy a dar una a título de ejemplo ya que es muy cercana a la de fecha del 6 de febrero mencionada por el investigador: La del pleno del 17 de enero de 1930 donde aparece lo siguiente en la página 84: “No podrá ser contratista el que se halle comprendido en cualquiera de los casos de excepción que determina el art. 9º del Real Decreto de 2 de julio de 1924”. El art. 9º del Real Decreto de 2 de julio de 1924 dice: No podrán ser contratistas: (…enumera cinco puntos de personas o entidades que no pueden ser contratistas por diferentes razones, y el punto sexto dice): “El Alcalde, los Concejales, el Secretario, el Interventor y los demás empleados dependientes del Ayuntamiento contratante”.

C. En 1930 todos los miembros que componían la Corporación Municipal eran personas que no cobraban por ello y que realizaban dicha labor de forma altruista, como era el caso de Francisco Cerdán. Incluso en algunas actas se puede leer la solicitud de algún miembro de la corporación para cambiar la hora de las sesiones para poder compaginarlas con sus trabajos cotidianos. El querer suponer por parte del investigador que en el Ayuntamiento de Villena asignaban trabajos a personas integrantes de la Corporación ignorando el Real Decreto antes mencionado, es un agravio a la labor desinteresada de estas personas y a su integridad moral.

3. El investigador califica de “malentendido” el hecho que llevó a Miguel Flor Amat, gran amigo también de Francisco Cerdán, a creer que la maqueta en escayola que Navarro Santafé presentó al Ayuntamiento en 1928 y que se guardaba en el taller de Francisco Cerdán de donde lo recogió Miguel Flor al fallecimiento de Cerdán y que posteriormente Miguel Flor donó desinteresadamente al Museo de Navarro Santafé según consta en Acta de la Junta de Conservación y Tutela de fecha 7 de noviembre de 1985. El investigador deduce que Miguel Flor cayó en un error al pensar que la maqueta era de Navarro Santafé cuando en realidad era, según el investigador, de Francisco Cerdán. Personalmente pienso que Miguel Flor es un gran entendido en Arte aunque no tenga ningún título que lo avale, porque él es un gran artista. No solo lo demuestran sus trabajos fotográficos y sus pinturas, sino su tremenda sensibilidad para cualquier actividad artística; gran amante del teatro, de la zarzuela, la música, los coros y danzas, la arquitectura, etc. Por lo tanto creo que pensar por parte del investigador que Miguel Flor no sabía distinguir de quién era la maqueta que donó al Museo, amén que conocía perfectamente la obra tanto de Francisco Cerdán como de Navarro Santafé, es una falta considerable a la reputación personal y artística de Miguel Flor.

4. En su libro el investigador muestra el boceto que presentó Francisco Cerdán al Ayuntamiento en 1952 para echar por tierra, una vez más, lo que dice la biografía sobre el hecho de que Navarro Santafé le dio permiso para utilizar sus planos. Que Navarro Santafé de su permiso para utilizar sus planos no quiere decir que Francisco Cerdán tuviese que presentar dichos planos al Ayuntamiento para la realización del monumento porque la nueva versión que realizó Francisco Cerdán es más ancha y lleva varios elementos adicionales como son las conchas y las cabezas de león. Es por tanto muy lógico que Cerdán realizase un nuevo boceto basado en el trabajo original de Navarro Santafé. Si el investigador se hubiese molestado un poco en indagar sobre lo que dicen los Derechos de Autor hubiese descubierto que Cerdán no podía hacer ningún boceto sobre un trabajo anterior existente de otro artista sin su permiso. Permiso que Navarro Santafé dio por escrito a Francisco Cerdán y que parece ser que el investigador no ha buscado porque en tal caso se vendrían abajo sus conjeturas sin sentido sobre la obra de Navarro Santafé.

5. Para reforzar su teoría, el investigador muestra en su libro dos fotos de dos estatuas de mujer que realizó Cerdán; una para el panteón de Enrique Sinforoso Guillén (1924), que puede verse en el cementerio de Villena; y otra propiedad de los hermanos Galbis (1926). Argumenta el investigador que dichas estatuas de mujer son semejantes a la mujer que aparece en la maqueta en escayola que hay en el Museo de Navarro Santafé donada por Miguel Flor. Por esa razón, según el investigador, la maqueta en escayola del primer monumento es de Francisco Cerdán y no de Navarro Santafé. Este argumento del investigador, deja a las claras los pocos conocimientos en Arte que posee, ya que por el hecho de tratarse de tres figuras de mujer de pie, portando flores en un brazo, han de pertenecer al mismo artista forzosamente según el investigador. Una persona entendida en Arte se fijará en detalles que al no entendido se le pasan por alto. Incluso siendo la figura de mujer que hay en el Museo parte de una maqueta en escayola, pueden distinguirse pequeños detalles que no se aprecian en las figuras realizadas por Cerdán, que siendo dos magníficas obras, porque Francisco Cerdán era también un gran artista, no tienen ese “aura de vida” que parecen tener las obras de Navarro Santafé. En mi modesta opinión, lo que debería hacer el investigador es contratar los servicios de un experto reconocido en Arte y presentase un informe detallado sobre las diferencias y autoría de las tres figuras de mujer.



Hay otras especulaciones personales hechas por el investigador como es la de dudar que Navarro Santafé a la edad de 22 años no podía haber sido capaz de realizar el busto del Capitán Hernández Menor por la poca preparación profesional que según el investigador tenía. Por si todo esto fuese poco, hace divagaciones sobre la colocación de la Cruz Laureada de San Fernando que debía llevar el busto. No quiero cansar al lector rebatiendo estas absurdas cuestiones porque con lo explicado anteriormente creo que queda demostrado el poco rigor de las pruebas presentadas por el investigador.

El retablo de la Iglesia de Santiago (1939)
Es curioso leer en la publicación del investigador que “recomienda” la biografía de Navarro Santafé para conocer la vida y obra del artista. Pero luego duda de la veracidad de dicha biografía y por lo tanto de la palabra de Navarro Santafé, además de la escrupulosidad de Pedro Hernández Hurtado, que es quién la escribió. Es por esta razón que además de sentirme consternada al leer las publicaciones del investigador, me sentí confundida porque no alcanzaba a entender dónde quería llegar este señor.
Haciendo un breve resumen diré que Navarro Santafé presentó un proyecto para hacer un nuevo retablo en la Iglesia de Santiago y le concedieron el primer premio. Pero el problema surgió que para su realización se presupuestaron 860.000 ptas. y el párroco de la iglesia, Don Juan Mañas, no estaba dispuesto a gastar más de 100.000 ptas. Ante la imposibilidad de convencer al señor párroco, la biografía dice en su página 101: “Y así tuvo que abandonar Navarro la realización del retablo de Santiago”. Seguramente hasta aquí ha leído el investigador y debió de pensar que como Navarro Santafé tuvo que abandonar el proyecto y Francisco Cerdán estaba haciendo una gran labor de restauración en la Iglesia de Santiago, pues que fue Francisco Cerdán quién realizó también el Retablo.
El investigador debería seguir leyendo la biografía de Navarro Santafé porque en la página 103 dice: “Pese a la aprobación del Obispado no le dejó el Cura Mañas otra opción, y tuvo que aceptarla olvidando la suya porque en aquel tiempo, como en tantos otros para él, privaba en él la necesidad física de comer. Realiza el proyecto”. Por supuesto que no se pudo realizar el proyecto inicial, sino que Navarro Santafé se tuvo que ajustar a las 100.000 ptas. que Don Juan Mañas le asignó.

Como conocí muy estrechamente a Navarro Santafé puedo decir que no quedó muy satisfecho de cómo resultó el Retablo, pero fue lo mejor que pudo hacer con el corto presupuesto de que contaba. Esta es, en mi humilde opinión, una razón de peso para creer en la palabra y la biografía de Navarro Santafé porque nunca se escondió de sus trabajos. Le gustasen más o menos, Navarro Santafé siempre se sintió muy orgulloso de todas sus obras.

Otra falsedad y tremenda especulación que hace el investigador al poner en tela de juicio la autoría del Retablo por parte de Navarro Santafé, es que dice que la magnífica figura de Santiago Apóstol ecuestre sobre un caballo blanco, que actualmente se puede visitar en la Sala Capitular de la Iglesia de Santiago, fue traída de Barcelona. Por supuesto que no da ninguna prueba que confirme su argumento, ni siquiera una explicación de cómo ha llegado a tal afirmación.
Menos mal que, por lo menos, reconoce que la magnífica Mesa de la Consagración del Altar Mayor de Santiago, obra policromada llevada a cabo en hueco relieve, que actualmente puede verse en la Capilla de la Comunión, y que presidía el Retablo, es de Navarro Santafé. Pero afirma sin ningún género de dudas que el Retablo fue obra de Francisco Cerdán Milán y Antonio Zapater Menor sin aportar ninguna prueba a tal afirmación.


En resumen:
Pedro Amorós Milán, autor de las publicaciones, ha querido ensuciar una historia limpia y hermosa: la amistad de dos hombres buenos: Francisco Cerdán y Navarro Santafé. Ambos fueron muy amigos, el taller de Francisco Cerdán siempre estuvo al servicio de Antonio, allí trabajó con el Monumento al Capitán Hernández Menor, siendo un muchacho de apenas 22 años; luego allí hizo parte del Monumento a Chapí donde conoció a Celia, su mujer, con la cual se casó el 31 de mayo de 1949 delante del Retablo recién construido. Posteriormente Francisco Cerdán hizo su último trabajo recomponiendo las dos columnas torsas en las cuales el Retablo se apoyaba. Fue su despedida como escultor por la edad. Sin embargo aquí comienza una nueva vida para Navarro Santafé. Marchó a Madrid con su esposa y sus manos no pararon de crear. Por todos los rincones de España se extenderían sus obras a Valencia, Madrid, Guadalajara, Salamanca, León (La Bañeza), Jerez de la Frontera, Puerto de Santa María, Lupión, Toledo, Petrel, La Línea de la Concepción, Burgos (Aranda del Duero), Santander (Comillas), Somosaguas (provincia de Madrid); y también por Europa y América: Grecia (Atenas), Islas Bahamas.


ISABEL Mª LÓPEZ PÉREZ


(Licenciada en Historia del Arte

Profesora jubilada del Instituto Hnos. Amorós

Cuñada de Antonio Navarro Santafé)


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